Tributos

1 de agosto de 2014

TRIBUTOS: UNA ESPIRAL EN DIRECCIÓN A NINGUNA PARTE

El porqué un día decidí apartarme de los grupos tributo y hacer mis propias canciones.


He estado 10 años tocando canciones de Pink Floyd como Syd Barretina y 7 más haciendo de Rob Halford en Killing Machine. Y por mi experiencia, creo que los grupos tributo son una espiral en dirección a ninguna parte.

Al principio los conciertos se llenan de gente deseosa de escuchar esas canciones que ya conocen y han escuchado una y mil veces y aplauden y gritan hasta llegar al éxtasis. Y hasta puedes ir cualquier día por los bares rockeros de moda, vestido como el cantante al que emulas y la gente te para y se hacen fotos contigo, te invitan a un chupito o a una raya y te dicen ¡¡¡¡tu sí que molas!!! y hasta puedes llegar a creer la absurdidad que vives en la vida del que imitas. Pero los años pasan, ya no eres la novedad y ya no te llaman tanto para tocar. Sólo aceptas hacerlo si es por dinero y además, tu creatividad ha quedado totalmente anulada, con lo que empiezas a pensar que nada de esto tiene sentido, que has formado parte de “Matrix” y entras en una espiral en dirección a ninguna parte.

Yo llegué a la conclusión, que lo mejor es hacer tus propias canciones y sacar tus propios discos. Sin duda, la gente no te hará tanto caso de buenas a primeras y en ciertas salas no querrán ni verte, porque sólo contratan a imitadores para así asegurar una buena taquilla.

Así que – como hacías antes de formar parte de un tributo – volverás a escribir tus propias canciones y volverás a tocar en pequeños garitos para 30 personas y casi seguro que perderás dinero. Pero esos 30 habrán venido a verte a ti y no al que imitas. Y te sentirás muy bien contigo mismo, por haber defendido tu historia con toda la dignidad posible.

Y cuando seas viejo, dirás «esta canción que hice hace 40 años, hablaba de esto y de lo otro». Y podrá ser mejor o peor, pero será tuya y de nadie más. Habrás creado algo de la nada y perdurará en tu memoria para siempre. Y al final del camino, habrás sido tú mismo. Y eso amigos, no tiene precio.

Jordi Ricol, Julio 2014